
Siempre me gustó jugar con esa ventaja. Sabía, desde muy pequeña que tenía un arma poderosísima. Podía enamorar con la comida. Descubrí sus efectos cuando tenía 7 años, mis hermanas mayores utilizaban mis artilugios para seducir a sus novios. Ellas me pedían que cocinara para ellos; por supuesto que los laureles nunca eran para mí. De grande lo volví a hacer para amigas perdidamente enamoradas de sus hombres y con pocas dotes culinarias o demasiada presión. Yo huía por la puerta trasera como el amante furtivo. Qué placer cocinar con un objetivo concreto y claro: que el comensal se derrumbe a los pies de la dama.
Luego lo hice para clientas, para la familia, para mi amor.
Cocinaba para una clienta que luego terminamos siendo muy amigas. La primera cena ella acudió a mí por su inseguridad frente a un público de sibaritas muy difícil de conquistar. En esa noche ella quiso fingir haber preparado la comida y finalmente me hizo salir a recibir los aplausos.
La cocina para enamorar es un arma peligrosa y que no debe usarse a la ligera. Cuando conocí a mi pareja, al tiempo creí que ya era merecedor de estos artes. Me pasé todo el día metida en la cocina, haciendo, pensando, destrozando. Me sentía igual de insegura que cualquiera de mis amigas cuando me pidieron que cocinara por ellas.
Así es el amor, un temporal.
Decidí y cambié el menú unas 6 veces hasta que finalmente me decidí.
Este el menú que serví aquella noche en su casa hace tres años.
Entrada: Camembert caliente con ensalada de hojas verdes, vinagreta de damascos y almendras.
Este plato es facilísimo. Se prepara una ensalada con rúcula y lechugas distintas. Yo simpre corto las hojas verdes a mano porque con cuchillo se oxidan. Armo una vinagreta muy simple con aceto, oliva, sal y pimienta a la que agrego unos damascos en trocitos pequeños.
Pongo el queso en el horno unos minutos hasta que se infle. Lo retiro y monto el plato con dos cuartos de queso, la ensalada y una tostada muy fina.
Primer plato:
Cuando de hombres tradicionales se trata un lomo de ternera jugoso y bien condimentado nunca falla. Aquella noche hice unos medallones de lomo con salsa criolla y papas fritas.
Postre:
Aquí la pasé mal de verdad hice un volcán de chocolate, pero debido al desconocimiento de su horno se coció demasiado. Tampoco quedó mal, fue como un bizcocho “sin el centro líquido”. Con helado es espectacular. No porque lo hayamos visto en mil cartas deja de ser un postre alucinante. Cualquier cena que se precie de romántica debe terminar con chocolate.
Aquí la receta para 4:
chocolate semiamargo de buena calidad 125gr.
manteca 150 gr.
yemas 3 ud.
azúcar 100 gr.
harina 60 gr.
cacao amargo 30 gr.
claras 3 ud.
Preparación:
Derretir a bañomaría muy suave el chocolate con la manteca. Dejar entibiar.
Aparte, batir las yemas con el azúcar a "punto letra" (se puede dibujar una letra con el batidor). Agregar el chocolate derretido (chequear que esté tibio, tiene que bajar un poco la temperatura) y mezclar con movimientos envolventes.
Aparte, tamizar la harina y el cacao y sumarlos al batido anterior.
Por último, batir las claras a nieve e incorporarlas con movimientos envolventes.
Distribuir la mezcla en moldes de flan enmantecados y enharinados, llenar con la preparación las tres cuartas partes de los recipientes y cocinar en horno fuerte (200ºC) durante 5-7 minutos.